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viernes, 21 de marzo de 2008

La ciudad 8, La metáfora ciudad


Dejando por ahora a un lado las aportaciones del pensamiento utópico, podemos observar como a lo largo de los siglos las imágenes de la ciudad, la muralla, el edificio o la casa han formado una parte substancial del catálogo metafórico del pensar filosófico. Junto a las imágenes lumínicas -la verdad como sol, luz, resplandor-, junto a los símiles orgánicos -la forma arborescente del saber, los primeros principios como raíces-, podemos encontrar recurrentemente la metáfora arquitectónica.
El pensar que precisa un fundamento puede ser desfundamentado tanto como cualquier edificio, el saber que pretende ampliarse a partir de la implantación de un método -que no deja de ser un camino-, precisa los mismos rigores que el crecimiento de una ciudad sometida a una planificación urbanística, y la casa, arquetipo de la diferencia entre lo habitable y lo inhóspito, presta su imagen a todo aquello que da asilo al hombre, ya sea la divinidad o el lenguaje.

Como ilustración -de nuevo ahora la metáfora de la luz-, basten estos fragmentos:

"Es cierto que no vemos que se derriben todas las casas de una ciudad con el único propósito de reconstruirlas de otra manera y hacer más hermosas las calles; pero no menos cierto es que muchos particulares mandan echar abajo sus viviendas para reedificarlas, y aun vemos que a veces lo hacen obligados cuando hay el peligro de que la casa se caiga o cuando sus cimientos no son muy firmes. Este ejemplo me persuadió de que no era razonable que un particular intentase reformar un Estado cambiándolo todo desde los fundamentos y derribándolo para levantarlo después; ni tampoco reformar el cuerpo de las ciencias o el orden establecido en las escuelas para su enseñanza; pero que, por lo que toca a las opiniones que había aceptado hasta entonces, lo mejor que podía hacer era acometer, de una vez, la empresa de abandonarlas para sustituirlas por otras mejores o aceptarlas de nuevo cuando las hubiese sometido al juicio de la razón."

René Descartes, Discurso del método


"Si quieres decir que no son por ello completos [los lenguajes del ejemplo], pregúntate si nuestro lenguaje es completo -si lo era antes de incorporarle el simbolismo químico y la notación infinitesimal, pues estos son, por así decirlo, suburbios de nuestro lenguaje. (¿Y con cuántas casas o calles comienza una ciudad a ser ciudad?) Nuestro lenguaje puede verse como una vieja ciudad: una maraña de callejas y plazas, de viejas y nuevas casas, y de casas con anexos de diversos períodos; y esto rodeado de un conjunto de barrios nuevos con calles rectas y regulares y con casas uniformes."

Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, 18