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domingo, 23 de marzo de 2008

Kraus, La muerte en el tópico


"Lo que caracteriza a la técnica es que no es capaz de producir tópicos nuevos pero deja al espíritu humano en un estado en que no puede prescindir de los viejos. En esta dualidad de una vida cambiante y de una forma de vivir que viene de antiguo, vive y crece el mal del mundo."

Karl Kraus, citado por Walter Benjamin en Karl Kraus

Para Kraus las cosas se plantean, más o menos, del siguiente modo: la mano que tiende la técnica en la dirección de la palabra bajo la forma de la prensa y, a través de esta, en el tópico, agota la imaginación humana. La recurrencia del lenguaje técnico-periodístico fabrica una envoltura alrededor del hombre que lo incapacita fundamentalmente para representarse adecuadamente los nuevos efectos de la técnica, efectos que finalmente se desplegarán del modo más atroz imaginable en la máquina de guerra. Pero el reconocimiento del papel negativo de las formas discursivas del periódico en la difusión técnica incontrolada -que aproxima razonablemente el pensamiento de Kraus al de Günther Anders en la denuncia de aquel "desnivel prometéico"-, tiene un segundo tramo positivo que se pone de manifiesto tras el estallido del conflicto de 1914. En el artículo titulado "En esta gran época" -primera manifestación de Kraus tras el incio del choque-, sitúa el lugar de la prensa entre las fuerzas técnicas beligerantes. Extraer un fragmento representativo es prácticamente imposible y, en rigor, debería tomarse el texto completo como un único y certero golpe, pero bastarán los siguientes para notar el cariz que toma la cuestión:

"Hay naciones distintas y una sola prensa sin embargo. El telegrama es un arma como la granada, que tampoco tiene ninguna consideración con ninguna circunstancia."

"[La prensa] durante décadas de ejercicio ha llevado a la humanidad al grado justo de escasez de fantasía que le hace posible una guerra de exterminio contra sí misma. Como gracias a la desmedida prontitud de sus aparatos le ha ahorrado toda capacidad para tener experiencias y para desarrollarlas en su espíritu, todavía puede implantarles el valor imprescindible para afrontar la muerte hacia la que se precipita. Cuenta para ello con el resplandor de las cualidades heroicas, y sus abusos del lenguaje sirven para embellecer una vida de la que se abusa como si la eternidad hubiera reservado su clímax para la época en la que vive el reportero."

Karl Kraus, "En esta gran época"

Bajo la perspectiva del agotamiento experiencial que diagnostica Kraus, podemos releer aquella expresión de Benjamin (vid. La voz) en la que se alude al silencio de los soldados, que volvieron de unas trincheras en las que se debió luchar contra la ingeniería antes que contra el hombre.


lunes, 11 de febrero de 2008

La antorcha,


Cualquier consideración sobre el problemático diálogo entre periodismo y literatura debe detenerse en la figura de Karl Kraus. En un contexto cultural en el que comienza a fraguarse la desconfianza en la capacidad referencial del lenguaje, Kraus desarrolla una crítica implacable al periodismo por cuanto reduce a formulario la riqueza lingüística. Desde la tarima pública que le proporciona su revista, Die Fackel -La antorcha-, y desde la voz difundida en sus lecturas públicas, se desarrolla un escrutinio implacable a la vida cultural de la Viena de principios del siglo XX. Su actividad, que inspira a toda una generación de escritores e intelectuales, supone un acicate para la reflexión sobre la incidencia de los medios de producción seriada en la difusión de las palabras. Podemos leerlo en la descripción de su propio trabajo, que hace de Kraus aquel que "tiene por ocupación advertir de los peligros que suscita el desarrollo de la prensa mercantil de opinión para la cultura común" (Karl Kraus, "Moralidad y criminalidad", Die Fackel, n. 115, 1902)

En el escrito titulado Karl Kraus, Walter Benjamin desarrolla un homenaje al escritor, leído bajo la triple perspectiva del hombre universal, el demonio y el inhumano. Pero es tal vez en las páginas de los textos autobiográficos de Elias Canetti donde puede encontrarse la más vigorosa descripción del lugar que ocupaba Kraus en la escena intelectual de aquella Viena en ebullición. Desde el encuentro en la lectura pública del 17 de abril de 1924, pasando por el endiosamiento de su figura y hasta concluir en el difícil abandono de la prisión que terminó constuityendo, Elias Canetti presenta las múltiples caras de este coloso. Así encontramos a Kraus en la memoria de Canetti:

"Nadie hallaba gracia ante sus ojos. En sus lecturas públicas atacaba todo lo malo y podrido. Editaba una revista que él mismo escribía, solo. (...) Cada palabra, cada sílaba que publicaba en Die Fackel, salía de su propia mano. Todo ocurría allí como ante un tribunal en el que él mismo acusaba y sentenciaba. Defensores no había ni uno: eran superfluos; Kraus era tan justo que no acusaba inmerecidamente a nadie. Jamás se equivocaba: no podía equivocarse. Todo lo que alegaba era rigurosamente exacto; hasta entonces no había existido una escrupulosidad semejante en la literatura."

Elias Canetti, La antorcha al oído


viernes, 11 de enero de 2008

El escritor ante la rotativa,


En una sociedad en la que la reflexión sobre el impacto de los medios de comunicación de masas ha llegado a ser un tópico de la crítica no deja de ser interesante echar una ojeada a un tiempo en que dicho fenómeno era tan sólo una tempestad en comparación con el huracán que se avecinaba. Durante los primeros decenios del siglo XX, en especial en el periodo comprendido entre el inicio de la Primera Guerra Mundial y los años 20', la reflexión se centró en el periódico. Es el tiempo del encarnizamiento propagandístico y es, también, el tiempo en que comienza a vislumbrarse el peso de la tipografía, la importancia de la maquetación, y el imperio del titular en la recepción del mensaje. El pensamiento de un periodista de la talla de Karl Kraus (vid. Contra los periodistas y otros contras) se dirige a este hecho tanto como los diferentes movimientos de la vanguardia artística, que emplean los recientes medios ya desde un ámbito crítico, ya desde el aprovechamiento de las capacidades propagandísticas que facilitan (en otro momento se comentó el caso Dadá).
La relación de los escritores con dicho fenómeno es, me parece, mucho más rica en matices. Desde la aparición del género folletinesco o la convivencia en muchos casos del genio literario con el arte de la columna, hasta el directo rechazo por el empobrecimiento de estilo, las afinidades entre literatura y periodismo se forman en una complicada trama. Joseph Roth es uno de los escritores inquietantes en este sentido. La reflexión sobre los problemas que genera la letra impresa ocupa un lugar importante en alguna de sus obras magnas. El episodio del Héroe de Solferino contra los libros de texto en La Marcha Radetzky es, tal vez, sólo el caso más hilarante. En cambio, parece mucho más directo el ataque en el siguiente fragmento de "Paseo", en Crónicas berlinesas -no deja de ser curioso que se presente bajo el rótulo de la crónica.

"Lo que se anuncia con letras tan grandes es pobre en importancia y contenido. Y me parece que en esta época no hay nada que no se anuncie con grandes caracteres. En eso consiste su grandeza. Tengo para mí que la tipografía se ha transformado en ideario. Lo más importante, lo menos importante y lo poco importante solo son asuntos que parecen tener más, menos o ninguna importancia. Les otorgamos valor por su imagen, no por su esencia. El acontecimiento de la semana es aquel que ha sido declarado acontecimiento de la semana gracias a la presión, al gesto y al ademán del brazo que se levanta para golpear. No hay nada que sea; todo significa."

Joseph Roth, "Paseo", en Crónicas berlinesas