jueves, 23 de octubre de 2008

En negativo, literariamente


En el prólogo de Sombras sobre sombras, de Juan José Millás, nos econtramos formando parte de la intimidad de la máquina de fotografiar, habiendo sido absorbidos por el fundamento mismo de la fotografía:

«Imaginé el cuerpo de los ratones convertidos en pequeñas cámaras oscuras y comprendí que no otra cosa somos cada uno de nosotros: cámaras oscuras en las que penetran las imágenes del mundo, del mundo, atrapado a su vez en una cámara oscura mayor. El texto que acompaña a cada una de las fotos que se exponen a continuación no es más que un modo de tantear entre las sombras el sentido de los bultos de los que estamos rodeados.»

No hay luz aquí (ni en las cámaras oscuras que somos, ni en el prólogo) sino tan sólo una intrigante oscuridad que la recrea. La imagen en negativo se presenta como el recurso de la fotografía para evocar lo que queda oculto tras la propia imagen fotografiada. Recurso literario, además, por cuanto Millás hace a las fotografías narrar sus objetos evocados por medio de su propia ausencia de la "imagen positiva", instaurando así una "imagen negativa" que yo he leído, aquí, como su peculiar modo de obrar la literatura. De ese modo soy capaz de entender el juego entre las fotografías "mostrando la presencia de..." y la literatura como "narrando la ausencia de..."

Se trata, en definitiva, de literatura obrada en su forma de crear un vínculo que no permite la lectura sin la contemplación, lo que yo he aprendido a entender como un significado particular de completud en esta obra, algo que además me hizo pensar en la sugerencia, acompañada de una fuerte sensación que la respaldaba, de que mi lectura debía ser mi trabajo por completarme. ¿Pero de qué incompletud hablamos?

Tenemos la sensación de que ser parte de la intimidad de la máquina no es un paliativo de nuestras formas de buscar la intimidad de la propia máquina (pienso ahora en el post La fotografía fotografiada). Entonces estoy tentado a pensar -y ahora pensar se convierte en un modo de sucumbir a mis tentaciones- que hay algo en nuestra imagen que no estamos dispuestos a aceptar como íntimo de la fotografía. Tal vez porque sabemos que esa imagen es, en cierto modo, incompleta. Entonces la literatura de Millás se revela aquí -negativamente, claro- como algo íntimamente nuestro, como una manera literaria de completar nuestra intimidad.


3 comentarios:

Osvaldo Rocha Otxoa dijo...

Grata sorpresa ha sido verle por mis tierras. Vivaz anécdota la de Lenin, por otro lado. Saludo de vuelta.

Jan Kowalski dijo...

No sé cuáles son tus tierras como, intuyo, no sabes cuáles son las mías. No sé, tampoco, a qué anécdota sobre Lenin te refieres, pero entiendo que debe tener sentido en ese "otro lado" que evocas y al que, me temo, no pertenezco tal vez porque sea, en cierto modo, una figura de "tus tierras". No sé, en definitiva, quién eres como, intuyo, no sabes tampoco quién soy. No puedo, no obstante, negarte un saludo y espero que lo recibas con algún tipo de esperanza como en buena hora recibí yo tus palabras que, al final, se quedaron en un saludo

B.J. Turner dijo...

Yo que, de algún modo, soy el responsable de haberme adentrado en esas "tus tierras" para perpetrar un comentario sobre Lenin recibo también tu saludo. No es ajeno al encanto este momento de confusión-como-acto de presentación, aunque conozco lugares tal vez más dados a la epopeya en los que estas confusiones de terrenos se resuelven a tiros -encanto redoblado.