Miercoles, 8 de enero de 1937. NYC.sábado, 21 de marzo de 2009
La asesina,
Miercoles, 8 de enero de 1937. NYC.publicado por B.J. Turner y eran las 0:02 1 comentarios
Etiquetas: El crimen, Fotografía, La culpa, Serie Negra, Weegee
miércoles, 18 de marzo de 2009
Dark was the night,
publicado por B.J. Turner y eran las 21:57 0 comentarios
Etiquetas: Blind Willie Johnson, E.B. White, El crimen, Fotografía, La ciudad, La noche, Serie Negra, Weegee
martes, 10 de marzo de 2009
Apuntes de ciencia forense,
...y es así como, a resultas de frecuentar durante largo tiempo bibliotecas y otros contenedores de la sapiencia donde, como en una colmena o un termitero se mastica papel hasta tornarlo en un polvo finísimo, es así, digo, como entiendo que sus cerebros llegan a ser esa masa acuosa que he podido observar en abriendo la tapa de sus sesos, y digo que puedo entenderlo pues es de entender que una masa tierna, cual es la mollera en los humanos de joven edad, sometida de permanente a temperaturas extremas, lo que vale decir al calor sofocante en todas las estaciones del año natural en dichos recintos, termine por licuarse y convertirse en poco menos que gachas.publicado por B.J. Turner y eran las 0:01 0 comentarios
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lunes, 2 de marzo de 2009
En casa de Louie Harper,
En la vieja sala de Louie Harper no cabía nadie más. Si algún cretino se hubiera tirado un pedo seguro que alguno de nosotros habría acabado con su culo fuera del local. Cómo conseguía Louie a aquellos asesinos nadie lo sabía. Lo único que todos sabíamos era que habríamos sido capaces de dejar morir a nuestros padres por ir a los combates que el viejo Louie organizaba en su tugurio. Allí vi combatir por primera vez al ruso de la estepa siberiana Dostoievski. Un tipo duro sin duda. Su directo de derecha era un estilete que dejaba a sus rivales aturdidos y tambaleándose por la tarima como muñecos. Los dejaba hechos un trapo. Lo daba todo en cada combate. Fueron los días grandes en los que uno podía ver a Johnny Fante ganar un combate a diecisiete rounds sin apenas acelerar la respiración. Golpe a golpe y un round más y así hasta el final. Para cuando todo terminaba y daban los puntos la tensión era tanta que ambos púgiles se echaban a llorar hincados de rodillas y abrazándose en un apriete infinito y salvaje. También venía a pelear Céline, el Martillo. Tenía un gancho de derechas demoledor. Recuerdo el día que tumbó a Dashiell Hammett en el cuarto. Esquivó un directo de izquierdas con una finta perfecta, clavó el talón a la lona para soltar El Martillo de abajo arriba como un rayo. Hammett ni lo vió venir y todos nosotros poseídos por la euforia creímos, por un instante, que empezaba la revolución.Podías oler la sala de Louie unos metros calle abajo si la tarde era calurosa y había combate. Olía a sudor rancio y a picadura barata y a orín y a vino y a cáscaras secas de naranja. Y cuando salían aquellos tipos a pelear todos enloquecíamos y pataleábamos como criminales y entonces se levantaba el polvo que traía consigo aquel olor repugnante y lo tragábamos a bocanadas y de repente el hedor se volvía ira en nuestras bocas. Para cuando saltaban al cuadrilátero yo estaba ya repleto de ira y a punto de estallar. Mi mirada cegada de ira, y mi corazón y mis pulmones llenos de ira, y mis entrañas llenas de ira y de mierda y de orín y de vino y de cáscaras de naranja y de hermosa literatura. Allí, sobre la tarima, bajo la tarima, alrededor de la tarima, todo estaba bajo el influjo de la literatura y de la lucha, que ahora, en casa de Louie Harper, en nuestra casa, eran una y la misma cosa.
El hombre del momento era Ernie Hemingway. Todos queríamos ver a Ernie pelear. Nadie en todo Los Ángeles quería perderse a Hem darle a los puños. ¡Hostias cómo los movía! Era un gran tipo. Sabía darle duro. Era un asesino. Sonó la campana. La hicieron sonar. Oí el tañido cruzar el infernal alboroto. Entonces apareció aquel tipo, Hank Bukowski. Vestía unos calzones ridículos que le quedaban anchos. No llevaba botas sino sus viejos zapatos y subió al ring fumando un puro de quince centavos. Ernie estaba levantándose de su rincón cuando de repente aquel tipo hinchó el pechó y señalándose los puños rugió:
–¡Aquí tengo la palabra, Papá!– dijo, y sonó a verdad–¡Aquí la tengo y está dispuesta a romperte el culo!–Me giré y vi a Hem muy tocado. Lo había alcanzado en plena barbilla. Aquella palabra era dura de verdad e iba a hacerle brotar la sangre y todos supimos que iba a ser un gran combate. Cuando el directo de Hank cortó la tarde hacia la cara de Ernie nos pusimos todos en pie gritando con el pecho a punto de quebrarse y el cielo se tambaleó y alguien chilló “¡a mí la revolución!”.
publicado por Jan Kowalski y eran las 23:20 3 comentarios
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domingo, 1 de marzo de 2009
Andar el deseo salvaje,

publicado por B.J. Turner y eran las 17:08 2 comentarios
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lunes, 16 de febrero de 2009
Así lo incontestable,
Le dije que estaba loco y él dijo que Dios le guardara de la cordura.
(Dios ciertamente lo hará.)»
La cultura exige de mí un compromiso: que abrace la diferencia y que muera para la sociedad siempre abrazando la diferencia y, por tanto, que muera en soledad y sólo por esa soledad de la sociedad, porque estar abrazado a la diferencia es estar abrazado a la soledad por siempre y sólo a la soledad, pero también, y por eso, a la cultura por siempre y, por eso, sólo y por siempre a mis ideas. Ahora: una comunidad que exige de mí abrazar siempre y sólo mis ideas, hablar y escribir sólo de mis ideas, sólo sobre mis ideas y por ellas, y así conseguir el respeto de esa comunidad sólo por mi diferencia y por mis ideas y por mi soledad con mis ideas. Por eso no debo ser condescendiente con mis ideas y mucho menos con los lectores de mis ideas, porque de ese modo, es seguro, consiguen traspasar fácilmente el último límite que me separa del mundo y de ese modo, es seguro, me aniquilan, y aniquilan justo mi diferencia por ello, y justo por ello mis ideas y por ello, también a mí mismo, porque me encuentran solo e inseguro y abrazado de forma desesperada y demencial a mis ideas, pues sólo así cumplo con lo que la cultura exige de mí, pues, es seguro, y también manifiestamente claro que de esa desesperación y demencia, pero, sobre todo, de la fuerza sobrehumana de esa desesperación y demencia, depende mi intimidad. Y ahora es manifiestamente claro que necesito con urgencia una fuerza sobrehumana que remedie mi debilidad sobrehumana y mi condescendencia sobrehumana con mis ideas y con los lectores de mis ideas, lo que he aprendido a considerar como un pecado sobrehumano que precipita siempre mi fin y por eso es más humillante si cabe que cualquier otro pecado capital. Ese pecado lo he cometido siempre y lo vuelvo a cometer siempre (hoy) porque dejo constantemente mis ideas al descubierto de un modo fácil y natural y por ello enfermizo por cuanto es el resultado natural de mi propia debilidad sobrehumana, reflejo de mi intimidad sobrehumanamente enfermiza. Dejo mis ideas al descubierto y las doy en bandeja de plata al lector de mis ideas, y esa facilidad y naturalidad elimina todo mi sufrimiento y mi trabajo de mis ideas, y esa facilidad y naturalidad las hace, por ello, vulnerables. Porque nadie, hoy, quiere sufrir ni está dispuesto a sufrir, y mucho menos a sufrir por unas ideas, pero menos aún a sufrir por mis ideas. Así las toman y las poseen sin sufrir y con deleite, y me las muestran sin sufrir y con deleite, y entonces ya casi no son mis ideas si no fuera porque retienen lo justo de mí para que me sienta, sin sufrir y con deleite, y por ello del modo más detestable posible, su asesino, así mi perversidad. Constantemente condescendiente y asesino y por eso humillado y perverso constantemente. Volver a pecar siempre y sólo por culpa de mi debilidad sobrehumana y por ello necisitar la desesperación y la demencia y, sólo por eso, la escritura y su fuerza sobrehumana. Una y otra vez, y por siempre, yo con mis ideas en la cultura. Una y otra vez, pecar y escribir y sólo por eso siempre en soledad y abrazado a mis ideas.publicado por Jan Kowalski y eran las 21:17 1 comentarios
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domingo, 15 de febrero de 2009
El viento, la voz de Safo
Ezra Pound, Varios No
Hay versos de los que uno no consigue desprenderse. Llegan a formar el tono de lo que en adelante uno va a considerar literatura en sentido estricto, sin concesiones. A este respecto, son el meollo de la cuestión, la piedra de toque, la cota que indica la diferencia entre una montaña y una mera colina. Hay unos versos de Safo. Dicen:como un viento abatiéndose en el monte
sobre las encinas.
Como un viento abatiéndose en el monte. Algo salvaje yace en estas palabras, algo de esa brutalidad que hay en el modo con que Safo caracteriza el Eros, ese "animal amargo que repta irresistible". Algo salvaje que me pone en guardia simultáneamente contra dos formas comunes de lo doméstico, de la domesticación debería decir: de un lado el sentimiento amoroso, que en cuanto sentimiento sigue adoleciendo de aquella languidez decimonónica, de otro la concesión dada a las bellas palabras, a la literatura como una de las bellas artes. En guardia contra una forma tibia de amar y odiar. En guardia contra una escritura para la distracción.
La corrupción en Safo, esos versos abatidos por el viento del tiempo, se me muestra como el otro rostro de una verticalidad incólume, de una voz íntegra. En cambio, todo nuestro aburrimiento y todo nuestro asco juntos me hacen pensar que seremos barridos por completo. Nada dejará en pie el viento hasta que no seamos capaces de dar algo más primitivo, las vísceras sobre la mesa, la palabra ensangrentada y algo de la caza en nuestra forma de trabajar. Lo dijo Thoreau en su canto a la Naturaleza:
"En literatura, sólo lo salvaje nos atrae. El aburrimiento no es sino otro nombre de la domesticación."
Falta saber si acaso estamos aún dispuestos a vivir sin concesiones.
publicado por B.J. Turner y eran las 21:03 1 comentarios
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martes, 10 de febrero de 2009
Matapalabras,
Acompaña a las palabras en el camino de salida. Cinoc es "matapalabras":"Trabajaba en la actualización de los diccionarios Larousse. Pero, mientras otros redactores se dedicaban a la búsqueda de voces y significaciones nuevas, él, para dejarles sitio, debía eliminar todas las palabras y acepciones que habían caído en desuso."
Después de cincuenta y tres años dedicados a la sepultura, Cinoc se ha jubilado.
"Había hecho desaparecer cientos y miles de herramientas, técnicas, costumbres, creencias, dichos, manjares, juegos, apodos, pesos y medidas; había borrado del mapa decenas de islas, centenares de poblaciones y ríos, millares de cabezas de partido; había relegado a su anonimato taxonómico centenares de tipos de vaca, especies de pájaros, insectos y serpientes, peces un poco especiales, variedades de moluscos, de plantas no del todo idénticas, tipos particulares de frutas y verduras; había hecho desvanecerse en la noche de los tiempos a cohortes de geógrafos, misioneros, entomólogos, Padres de la Iglesia, literatos, generales, Dioses y Demonios."
Y, como si Cinoc hubiese sido consciente de una herencia malversada, así Kowalski, un buen día emprende el camino contrario y acompaña a las palabras en el viaje de regreso. No es una recuperación sistemática. Es una recuperación que pretende revivir significados, así Kowalski, y entonces sólo es posible practicarla a condición de que uno, Cinoc, se encuentre en la situación de ser aún hablado por las voces muertas, así Cinoc.
Nota: De algún modo vago, toda esta historia vive entre la acepción tercera y cuarta de la voz "curioso, sa" del diccionario de la RAE.
publicado por B.J. Turner y eran las 21:31 6 comentarios
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martes, 3 de febrero de 2009
El viaje, las librerías, los hogares
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publicado por B.J. Turner y eran las 14:39 4 comentarios
martes, 27 de enero de 2009
El vuelo de Rousseau,
Está escrito. Está datado. Es el propio Rousseau quien nos proporciona la crónica de su vuelo y es un jueves 24 de octubre de 1776. Alrededor de las seis de la tarde Jean-Jacques regresa a París después de una jornada dedicada a la botánica y al disfrute de "contemplaciones deliciosas". Probablemente comienza a atardecer, probablemente la visibilidad va reduciéndose a cada paso, probablemente aquello que en el campo puede aún llamarse "contemplación" en la ciudad no puede sino ser llamado "distracción", y entonces:"Más o menos [...] estaba en la pendiente de Ménilmontant, frente por frente casi del Galant Jardinier, cuando al echarse a un lado bruscamente y de pronto las personas que caminaban delante de mí, vi caer sobre mí un gran perro danés que lanzado a toda velocidad por delante de una carroza no tuvo siquiera tiempo de detener su carrera o de girar cuando me vio. Pensé que el único medio que tenía para evitar ser derribado era dar un gran salto tan preciso que el perro pasase por debajo de mí mientras yo estaba en el aire."
Puesto que la manipulación del tiempo narrativo lo permite, dejemos por un momento a Rousseau ahí, suspendido en el aire, en estado de ingravidez y continuemos. Retengamos de la escena, si acaso, el hecho de que un hombre con ambos pies en el aire resulta siempre sintomático. El síntoma aquí habla del agotamiento de cierta forma de andar. Atardece en el reino del paseo contemplativo, del paseo filosófico, mientras que la ciudad -con su tráfico, con su ruido, con sus fuerzas vivas cambiando constantemente de ritmo- prepara el escenario para la emergencia del flâneur. Walter Benjamin da en la nota justa de este cambio: "el flâneur [...] se separa por completo del tipo del paseante filosófico y adquiere los rasgos del hombre lobo que merodea inquieto entre la selva social." (Libro de los Pasajes, M1,6)
A la nueva raza de los merodeadores pertenece la aptitud de emboscarse, de infiltrarse en la multitud siguiendo sus tiempos: el flâneur anda con los demás, allí donde ellos van, con la libertad que presta no acudir a dichos lugares por la razón que mueve a todos, sino por el mero hecho del seguimiento de los pulsos urbanos. Nadie va a señalarlo de entre la masa y nadie va a perfilar sus bordes, porque todo ocurre como si existiese sólo diluyéndose. El arte del callejeo supone maestría en torcer por la esquina apropiada justo a tiempo, esquivando la mirada, evitando la presencia. "Un libro que no se deja leer", diría Poe en El hombre de la multitud.
Mientras, el buen Rousseau sigue en el aire, donde lo habíamos dejado. Su forma de andar es torpe, demasiado visible, demasiado atacable, demasiado imprudente: se detiene cuando todos avanzan y avanza cuando todos se han detenido. Todo le sobrecoge "bruscamente y de pronto". Se expone pero, en fin, la contemplación tiene su tiempo propio, sólo que tal vez es un tiempo acabado:
"Era casi de noche cuando recuperé el conocimiento. Me encontraba entre los brazos de tres o cuatro jóvenes que me contaron lo que acababa de ocurrirme. Sin poder frenar su impulso, el perro danés se había precipitado sobre mis dos piernas y, al golpearme con su masa y su velocidad, me había hecho caer con la cabeza por delante; al llevar todo el peso de mi cuerpo, la mandíbula superior había chocado contra un pavimento escabroso, y la caída había sido más violenta porque, al estar en cuesta, mi cabeza había dado más abajo que mis pies."
publicado por B.J. Turner y eran las 23:45 4 comentarios
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miércoles, 21 de enero de 2009
L.A., todo, en un callejón
La zorra pintada y zalamera, con su minoría de edad tan rosada y dulce entre las piernas. Me ha visto. Sonríe socarrona y viene a por mí. Apenas puedo controlar la respiración y noto el corazón y el paquete a punto de estallar. Agarrándome por la entrepierna y por la billetera se abalanza sobre mí con su húmedo y eléctrico riff, pegajoso y repetido hasta el colapso, hasta el extremo, hasta el espasmo. Me estremezco y lanzo un grito ahogado al cielo oscuro y depravado de Los Ángeles.publicado por Jan Kowalski y eran las 20:13 0 comentarios
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martes, 20 de enero de 2009
Heredar un uso de conversar,
me produce la impresión de estar asumiendo una postura,
y una postura miserable.”
(En busca de lo ordinario. Stanley Cavell)
La Real Academia Española de la lengua propone, como acepciones de conversar y conversación:Conversar. 1. Dicho de una o varias personas: Hablar con otra u otras || 2. Hacer conversión || 3. desus. Vivir, habitar en compañía de otros || 4. desus. Dicho de una o más personas: Tratar, comunicar y tener amistad con otra u otras || 5. tr. Ecuad. narrar.
Conversación. 1. Acción y efecto de hablar familiarmente una o varias personas con una u otras. || 2. desus. Concurrencia o compañía. || 3. desus. Comunicación y trato carnal, amancebamiento. || 4. ant. Habitación o morada.
Me preocupa ese modo de conservar la familiaridad habiendo perdido la compañía porque hay, en esta pérdida, algo que desplaza lo comunitario en nuestras conversaciones. Que la familiaridad no se haya perdido, aun cuando instauremos el desuso y el olvido en la “concurrencia y la compañía”, también en la “amistad”, esa particular proximidad que nos lleva –también literalmente y también literariamente– al “trato carnal y amancebamiento”, me hace pensar que perdimos también, en algunas formas literarias, la carne y el “trato sexual habitual” (voz para amancebamiento) lo que yo entiendo como el vacío de comunidad en nuestra práctica ordinaria de la sexualidad, que para mí debiera remitir más a la compañía –a veces concurrida– que a nuestras maneras diversas de penetrarnos y de ser penetrados.
Me doy cuenta de que mi preocupación es mi lectura tropezando constantemente con algún tipo peculiar de inestabilidad instaurada en las voces tercera y cuarta de conversar y segunda y tercera de conversación, en esa manera de olvidar, pero también de ocultar, la compañía y la amistad en nuestras maneras familiares de comunicarnos, de tratarnos. Inestabilidad que acaba por convertirse en un ejercicio de implantación gramatical de un significado en nuestras formas de olvidar y desusar otros usos de la misma palabra. Eso quiere decir que hay maneras en que aprendemos a usar las palabras en nuestro lenguaje para olvidar –instaurar el olvido en– nuestros propios significados, lo que no es sino una ejecución de nuestra capacidad de hacer cosas con palabras en el modo particular de practicar, en nuestro lenguaje, el olvido de un uso o significado. El significado de las palabras está, de algún modo, vivo, y aun cuando tengamos maneras lingüísticas de concebir y ejecutar su muerte, tenemos también maneras de concebir y ejecutar su restauración en la generación de nuevas prácticas. Entonces recuperar un uso puede concebirse como una manera peculiar de revivir un significado en el modo cómo éste se rememora gramaticalmente en nuestros nuevos juegos de lenguaje. Algo que me gusta pensar bajo la perspectiva de heredar los significados en mi (nuestra) manera particular de conjugar las palabras y por ello en la conjugación de mi (nuestra) voz.
Ahora puedo ver reconocidas tus palabras como atraídas por mi voz, lo que estoy dispuesto a aceptar como un significado nuevo y particular que emana de la compañía y la amistad en nuestras conversaciones. Entonces la escritura, aquí, se conjuga en la forma de la invitación y del encuentro, de la sugerencia y la satisfacción; y la repetición de la escritura como la renovación del ejercicio de heredar nuestras propias conversaciones en la manera de sentirse invitadas y de sentirse encontradas y por ello respondidas, en esta comunidad, todas estas nuevas voces.
publicado por Jan Kowalski y eran las 19:23 0 comentarios
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lunes, 12 de enero de 2009
Cartografiar la Rayuela de Julio Cortázar,
"—En el fondo —dijo Gregorovius—, París es una enorme metáfora."
Julio Cortázar, Rayuela, 26
Cartografiar la Rayuela, cartografiar el París de la Rayuela, porque finalmente era una cuestión de tiempo: tiempo para indexar las menciones, los lugares, los trayectos, tiempo para distribuirlos sobre un mapa, tiempo para revisar el resultado, tiempo para darse el tiempo de disfrutar releyendo y situando chinchetas e hilos. Cartografiar la Rayuela, como otro modo de hacer ver que las ficciones se interpelan unas a otras: la ficción de la novela, de la anti-novela, y la ficción del mapa. Cartografiar y expandir sobre el espacio fragmentos que son otra lectura posible: rayuelizar un mapa de París. Un mapa del París-Rayuela que supla las carencias de esas ediciones en las que simplemente se añade un apéndice, casi un cilio sin impulso, con el mapa de un París-a-secas.La leyenda,
El mapa del mapa es sencillo por demás: los puntos representan menciones a lugares, a los sucesos en ellos, a los pensamientos con localidad. Cuando en un mismo pasaje se mencionan diversas calles se resalta en negrita, por más obvio que sea a veces, el lugar preciso al que corresponde el punto en el mapa. Los trayectos, reales o imaginados, se representan mediante lineas. Uno puede seguir el paseo de un Oliveira que acompaña a Berthe Trépat a casa, puede seguir dos líneas que se aproximan hasta el lugar de un encuentro improvable, puede... En ocasiones, los fragmentos se han extendido mucho más allá de lo estrictamente necesario para atestiguar la mención a un punto concreto. La única razón para ello es el gusto personal del cartógrafo.
Disfrútenlo.
publicado por B.J. Turner y eran las 21:27 27 comentarios
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domingo, 11 de enero de 2009
La libertad fue, por un instante
"Un buen músico es aquel cuyas melodías tienen sobre todo larga respiración" (Sobre las últimas cosas, Otto Weininger)publicado por Jan Kowalski y eran las 17:10 0 comentarios
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jueves, 8 de enero de 2009
Contra el dios de las horas,
Balzac era cafeinómano. Todos los adictos al "agua negra", que decía el francés, saben que en dicha bebida hay poderes, algunos espíritus, cierta forma de sentirse impulsado hacia adelante y hacia afuera. Pero, ¿cuál es la promesa del café? ¿Es acaso esa excitación del espíritu, esa multiplicación de la fuerza? En buena medida, casi la única promesa hoy es la del rendimiento, la del trabajo maquinal. También para Balzac consumir café suponía la posibilidad de cruzar noches enteras sin abandonar la pluma, impulsado tanto por el líquido amargo como por la presión de los acreedores. O dar algo más a las galeradas, o quién sabe si acabar de galeote. "Carezco de imaginación. Voy a tener que hincharme de café", escribía una noche de la rue Raynouard.Para aquellos que han sido adictos antes del uso rutinario es difícil no añorar el tiempo en que el café era una prueba de los dioses, de las divinidades profanas del amanecer, una forma de hacer saltar por los aires los cerrojos de las horas, de los usos de los hombres. Vigilia, temblor y de repente el alba y cañerías, bajantes, duchas y cisternas. (Todas las ciudades se despiertan primero en sus sanitarios.) Y uno que no ha dormido en la noche no está dormido pero no está despierto tampoco y presiente el día como algo que se ha ido del tiempo, como una masa continua y como una frontera allanada.
publicado por B.J. Turner y eran las 23:49 5 comentarios
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